No suelo transcribir artículos completos, pero hace poco tuve conocimiento de un caso de maltrato y leyendo acerca del tema encontré esto, que me pareció muy interesante:
“Relata una mujer: Llevábamos sólo un mes de casados cuando me golpeó por primera vez. Estaba enojado porque dejé la puerta sin llave cuando salí a hacer las compras. Dijo que yo me iba a comportar como un chico, me tendría que castigar como a un chico. Esa vez fue sólo un golpe en la mejilla, pero con el correr de los años progresivamente sus ataques se han vuelto peores, y muchas veces ni siquiera sé el motivo.
Otra mujer declara: Nadie podría creer que mi esposo me hace esto. La gente que lo conoce piensa que es un ser excepcional, y yo pienso que en cierto modo lo es, si no fuera por los golpes. Yo sabía que me iba a golpear otra vez porque había estado todo el día tomando y… –continúa la mujer – no puede controlarse cuando bebe.
Vez tras vez, las mujeres declaran: no quiero ser responsable de haber roto mi matrimonio. Si yo simplemente puedo ser la mujer que él quiere que sea, estoy segura de que no me va a golpear más.
Según estos testimonios, los hombres golpeadores son: protectores y educadores en el primer caso; personas excepcionales en el segundo; víctimas de la bebida en el tercero; y, sin culpa (ya que la asume la mujer) en el cuarto caso.
La creencia popular nos lleva a pensar que los golpeadores sufren de un “arrebato” que no pueden controlar y que, hasta son víctimas de una situación de violencia. Pero no son sólo las creencias populares sino que los modelos tradicionales de abordaje terapéutico parecen presentarlo de la misma manera cuando asumen que:
1.- El hombre violento es el resultado de problemas psíquicos que lo llevan inevitablemente a descargar la ira como una forma de aliviar su dolor interno. Algunos hasta han categorizado a los hombres abusivos como faltos de control o infantiles, incluso, muchas teorías tienden a perdonar a los hombres haciendo referencia al alcoholismo o a una infancia desdichada. ¿De qué nos sirve decir que es emocionalmente inseguro o impulsivo? ¿En qué cambia la situación? Y si uno pensara con lógica, lo primero que se preguntaría sería: ¿cómo un hombre que se siente inseguro toma la decisión de pegarle a su mujer, y de hacer algo ilegal, a pesar de sentirse inseguro? Ahora bien, si asumimos que todo lo expuesto fuera verdad (que tienen ira incontrolable, que la infancia desdichada ocasiona los “ataques” de violencia, etc.) ¿por qué no deciden golpear a su jefe en vez de golpear a su mujer?
2.- La violencia es un síntoma de represión emocional. Este abordaje enseña a expresar la agresividad por medio de palabras en lugar de golpes. Distintos autores afirman que el desahogo verbal de la agresión, lejos de ayudar a las personas a encausar su enojo, las hace adictas al lenguaje ofensivo. Y es bien sabido que el adagio de que “a las palabras se las lleva el viento” es una falacia. Se puede herir, y hasta matar, no sólo la autoestima de una persona sino las perspectivas de un futuro promisorio por medio del poder de las palabras. Creer que los actos de agresión verbal son una medida de seguridad contra la agresión física es un infantilismo ¿Qué en lugar de pegarle un golpe con el puño, la humille y la degrade por medio de palabras ofensivas? ¿A quién se le ocurre?
3.- La violencia es una mala manera de comunicarse. En este enfoque se considera al abusador y al abusado de la misma manera y se sostiene que tanto el hombre como la mujer contribuyen por igual a generar un problema circular de violencia. Los golpes no serían intentos de dominación sino que revelarían una falta o déficit comunicacional. Asumida desde esta óptica, la violencia se entiende como una reacción comprensible, ocasionada por una actitud o comportamiento de su compañera, resulta así que la responsabilidad de la violencia es compartida: la esposa “tiene” que hacer algo para que no le peguen, en definitiva no debe provocarlo. El objetivo de esta terapia es modificar la conducta de ambos y proponen mejorar la comunicación, a fin de que cada uno pueda expresar qué siente. Pero, ¿cómo podrá decir la mujer lo que siente sin que genere violencia en el hombre? Es verdad que en la violencia hay falta de comunicación, pero es la misma violencia la que la genera. Siguiendo el modelo de esta terapia se coloca a la mujer en una posición imposible: por un lado se le dice que se exprese con sinceridad, y por el otro, que no genere situaciones de provocación. ¿Cuál es el resultado final? Que a las sesiones familiares le siguieron “sesiones” de gran violencia hacia la esposa.
Sin embargo, creemos muchos más atinado el cuarto enfoque que asume que:
4.- La violencia es una conducta aprendida y mantenida a lo largo del tiempo. Estos hombres han aprendido a tratar con la rabia y la frustración a través de la violencia ejercida de una manera selectiva con su esposa e hijos. Las razones por las que se perpetúa la violencia son varias, esencialmente, porque provee al hombre abusivo de ciertos beneficios:
a) Por medio de una golpiza, él pone fin a una discusión o a un problema que no quiso asumir (por ejemplo: la falta de dinero, las cuentas por pagar, los problemas de conducta de los hijos, etc.). No importa cuál haya sido el motivo, al menos ella, si reconoce la razón, no volverá a mencionarla por temor a mayor violencia.
b) Después de la golpiza, aunque en un principio el golpeador sienta culpa, experimenta también una sensación de sosiego, como una especie de liberación de su tensión corporal y de su ansiedad contenida. Tal vez esto le resulte macabro y repugnante, pero es verdad.
c) Como resultado de la violencia, se crea pasividad o inmovilidad en la compañera, que es considerada por el golpeador como un acuerdo tácito.
Hay dos elementos esenciales en la violencia doméstica:
-La toma de poder.
-El sexismo (el abuso es hacia la mujer, calificada como de segunda).
La gran mayoría de los hombres abusadores no reconocen la responsabilidad que les compete en el abuso, se las carga a la esposa, al alcohol, al pasado, al presente estresante, a un ataque incontenible de rabia, etc. En definitiva, él parece ser más bien una “víctima” que un abusador. Sin embargo, se ha demostrado que lejos de poseer una falla en su autocontrol, los golpeadores poseen un conjunto de habilidades específicas: algunos sólo pegan en ciertas partes; otros nunca usan armas, algunos emplean determinada forma de violencia (insultos, amenazas, gritos, etc.) lo cual demuestra que son muy selectivos en cómo y con quién son violentos. Esto puede demostrarse muy fácilmente si se observa cómo se relaciona un hombre golpeador con la policía, patrones, vecinos y compañeros de trabajo; a menudo responden de una manera conciliadora y tranquila cuando eso los beneficia, pero responden muy diferente con sus esposas ¿Por qué? Por la misma razón, porque los beneficia: ya que mantienen bajo control todo lo que se relacione con la otra persona.
Lo más terrible de todo es que las estadísticas señalan que los chicos que han conocido el maltrato de primera mano, son más factibles de convertirse en abusadores el día de mañana, ya que se enseña a la siguiente generación a relacionarse de manera violenta.“
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